Ideas irracionales

Ayer tuve una interesante charla con una persona con ideas irracionales. Todos las tenemos en alguna medida, y las defendemos con vehemencia, por creerlas ciertas, verdaderas. El principio fue: “¿has oído hablar del dióxido de cloro?” Yo le dije que no, aunque sí había oído algo por ahí. Así que me explicó muchas cosas, y yo la dejé hablar y escuché atentamente, tanto fue así que en algún momento ella entendió que me estaba convenciendo de su eficacia. Según ella, el dióxido de cloro es cura para todas, todas, las enfermedades y se valía de sus propias experiencias y de las experiencias de otras personas que conocía cercanamente para afirmar que funcionaba. Cuando ella acabó de contarme todo en relación a este producto yo le señalé algunas incoherencias dentro de su discurso irracional, de lo que paso a mostrar mis conclusiones y reflexiones: -Que algo te funcione a ti no significa que funcione, porque no se han controlado las variables que están influyendo en el efecto, por lo tanto no sabes si, dentro de la relación causa-efecto (por ejemplo, aspirina-reducción de cefalea tensional), la causa es la sustancia a la que atribuyes la causa, otras causas que están operando al mismo tiempo, o la suma de varias (en este caso tener buena salud-tomar dióxido de cloro, pues puedes tener buena salud por otras causas y no por estar tomándolo). Para eso se necesitan estudios controlados con muestras grandes de personas. Ante este argumento un contra argumento del mismo índole irracional apareció como un resorte: no se han hecho estudios porque no les dejan, porque no interesa. Pudiera ser. En cualquier caso, para lo que nos ocupa, el motivo de por qué no hay estudios es lo de menos. No hay estudios de eficacia controlados, luego no puede afirmarse que sea eficaz. Nada es eficaz hasta que se demuestre lo contrario, y no al revés. -Que alguien te cuente que algo le funciona no significa que eso le haya funcionado, y de la misma manera, que alguien te cuente que a otras personas les ha funcionado no significa que a esas personas les haya funcionado. Dentro de esto hay variables tales como la exageración, las expectativas, el interés de tener razón sobre algo a lo que has dedicado gran esfuerzo y tiempo, el placebo, la distorsión de la memoria, los sesgos que el pensamiento produce para ajustar los hechos (y sobre todo los recuerdos) a nuestras creencias. Inclusive, la mentira (la mentira es algo de lo más común y corriente, mucho más que los hechos objetivos extraños), las medias verdades, etc. -Recelo profundamente de la certera afirmación (y por eso publico este texto) de “en cualquier caso, no hago daño a nadie, solo a mí”. Y recelo profundamente de esa afirmación porque, a pesar de ser cierta, en realidad aquella persona, con sus buenas intenciones y todo, intentó convencerme, y lo hizo premeditadamente y sin conocerme de nada, y sin que yo la animara a hacerlo, lo que me lleva a pensar, ¿a cuántas personas ha intentado convencer antes que a mí de la eficacia de un químico que no se sabe si es eficaz para nada en relación a la salud, y mucho menos para todo?, ¿y a cuántas personas intentará convencer después? Y a pesar de que no lo consiguió pudo ser otra persona la oyente, más vulnerable a pensamientos irracionales. Un adolescente, por ejemplo, quien por definición ve la vida de manera dicotómica, con verdades absolutas. Los pensamientos irracionales son peligrosos, porque pensamientos y conducta están totalmente relacionados. Este texto es en pro de la reflexión y del uso de la razón para tomar decisiones.

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