El baile del mercurio

   Cuando los garimpeiros levantan su rostro al sol de la mañana y comienzan su jornada, inyectan veneno a la tierra brasileña con mano de obra esclava, con mano de obra indígena sometida y olvidada. Cuando estos buscadores de tesoros se levantan, inyectan mercurio en el Amazonas para amalgamar el oro, para poder venderlo a las multinacionales que las hacen llegar a nuestros cuellos fragantes, a nuestros límpidos dedos, a altos costes.
   A altos costes.
   Y cuando las señoras de altas galas, de cuellos fragantes y límpidos dedos, así como las de baja estofa, así como las de clase alta, media o baja, se quedan embarazadas, el matrón aconseja mecánicamente sin apartar la mirada del ordenador: «no coma usted atún ni emperador, por favor».
   «Debe de ser malo para el feto», se suele pensar, y los garimpeiros buscadores de tesoros en Brasil se ríen mientras cobran su dinero, y las multinacionales que los financian se carcajean mientras los pececitos del río se contaminan del mercurio vertido para el negocio, y los peces más grandes se los comen, y los más grandes se comen a los que se comen a los pequeños y los depredadores se comen a todos a la vez y se «llenan» sus cuerpos bellos de mercurio de la extracción de oro del Amazonas a cambio de la esclavitud de los mineros y de los indígenas y de los asesinatos a las voces que gritan «BASTA», y así llega el atún contaminado a nuestras costas, ¡ASESINOS!, y así el emperador a nuestros platos, ¡MAFIOSOS!, y así el dinero a sus bolsillos y el oro a nuestros cuellos bellos y a nuestros dedos limpios y perfumados.
   Y esto se da porque después del feudalismo vino el capitalismo a dominarnos, y este gobierna ahora, y cuando este caiga esto acabará con él.
   ¡BASTA, capitalismo infame! BASTA, mercantilismo globalizado!
   Basta ya.

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